IA, data centers y energía: el “triángulo de oro” que se teje con fibra
Este crecimiento acelerado exige un suministro energético de gran escala. A nivel mundial, el consumo eléctrico de los centros de datos, la IA y la criptominería podría casi duplicarse entre 2022 y 2026, pasando de 455 TWh a más de 830 TWh según las proyecciones de la Agencia Internacional de Energía, con la infraestructura dedicada al procesamiento de IA demandando cerca de 90 TWh. Para sostener esta carga de forma ambientalmente responsable, los proveedores de la región avanzan en estrategias de autoproducción renovable. En Brasil, ODATA (empresa de Aligned Data Centers) adquirió una participación en el parque eólico de Omega Energia de 212 MW, en el noreste del país, lo que garantiza que entre el 85% y el 90% de la energía consumida por sus operaciones provenga directamente de fuentes verdes.
En este contexto de alta exigencia, la optimización de la red de transporte se vuelve crítica, y allí la fibra de núcleo hueco (HCF) emerge como una solución transformadora. Para conectar de forma eficiente clústeres masivos de unidades de procesamiento gráfico (GPU) dedicados a la IA generativa, la latencia de red es el principal cuello de botella de rendimiento. La fibra monomodo convencional (SMF) introduce un retardo físico: la luz viaja por un núcleo sólido de sílice con un índice de refracción de n~1,45, lo que ralentiza la propagación de los fotones en torno a un 30% respecto del vacío. La fibra de núcleo hueco (HCF) resuelve esa barrera al guiar la luz por canales de aire o gas inerte con un índice de refracción de n~1,0, permitiendo que la señal viaje a una velocidad muy cercana a la constante física c. Esto reduce la latencia de tránsito en torno a un tercio (de 4,9 µs/km a un rango de 3,3 a 3,5 µs/km) y disminuye en más del 99% los efectos no lineales de distorsión óptica, facilitando transmisiones de mayor potencia espectral.
América Latina marcó un hito tecnológico a fines de 2025 en el Campus Tamboré de Scala Data Centers, en São Paulo, el complejo de centros de datos de hiperescala más grande de la región, con 90 MW de capacidad contratada y 170 MW reservados contractualmente. Scala, en alianza con Lightera (la marca que integra las operaciones globales de fibra óptica de Furukawa Electric Co.) y Nokia, llevó a cabo la primera prueba de concepto (PoC) de fibra de núcleo hueco de América Latina, utilizando el cable AccuCore HCF de Lightera y la plataforma de transporte óptico Nokia 1830 PSI-M, equipada con el chipset fotónico de sexta generación PSE-6.
Las pruebas se ejecutaron a tasas de transmisión de 10GE, 100GE y 400GE, y confirmaron de manera consistente una reducción de la latencia de propagación del 32% frente a la fibra convencional de sílice. Aunque el alcance actual de la tecnología se limita a distancias de entre 1,5 y 2,5 km, adecuadas para enlaces entre clústeres de cómputo dentro de un mismo campus o para la interconexión interna de data halls, la prueba sienta las bases para su expansión hacia redes metropolitanas. El despliegue fue realizado por el integrador MagicComp y validado con equipos OneAdvisor 800 de VIAVI Solutions con módulos de transporte de 400G.
Más allá de las innovaciones en nuevos tipos de fibra, la demanda de capacidad impulsa otro fenómeno: el auge de la fibra oscura (dark fiber). Constituida por hilos de fibra óptica ya instalados pero inactivos (sin iluminar), se ha convertido en un requisito de sitio para los operadores de hiperescala. El arrendamiento o la adquisición de estos hilos bajo contratos de derecho de uso irrevocable (IRU) de largo plazo otorga a las empresas de nube e IA control técnico total para definir su propia tecnología de transmisión (DWDM), garantizando la replicación de datos de ultra alta velocidad en tiempo real y permitiendo escalar la capacidad de red de 10 Gbps a 400 u 800 Gbps con solo actualizar los transceptores activos en los extremos de la conexión, sin incurrir en mayores tarifas de tránsito con terceros.
En América Latina, la demanda de fibra oscura subterránea y geográficamente redundante registra una fuerte expansión. En México, SierraIG, empresa conjunta de Neutral Networks y la estadounidense SummitIG, invierte US$ 50 millones en redes metropolitanas neutrales de fibra oscura de alta densidad y despliegue 100% subterráneo en los clústeres de centros de datos de Querétaro y Monterrey.
A nivel interurbano y transfronterizo, C3ntro Telecom lidera el Proyecto Tikva: una ruta exprés de fibra oscura subterránea de última generación de 2.500 km que conectará el clúster tecnológico de Phoenix (Arizona, EE. UU.) con Querétaro (México), cruzando la frontera por Nogales. Con una inversión de 5.000 millones de pesos mexicanos (más de US$ 250 millones) y entrada en operación prevista para fines de 2026, Tikva proveerá un canal privado exprés para el transporte masivo de cargas de entrenamiento de IA. Estas infraestructuras se integran con redes regionales consolidadas como la de Cirion Technologies, que opera una red privada de más de 105.000 km de fibra terrestre y submarina que conecta más de 160 centros de datos metropolitanos y 18 estaciones de amarre en la región.
Paralelamente a esta expansión de capacidad, la infraestructura de fibra óptica de América Latina evoluciona de medio de transmisión pasivo a red inteligente de sensores distribuidos de alta precisión (Distributed Fiber Sensing o DFS). Mediante la inyección de pulsos de luz coherente de corta duración, el analizador óptico de DFS mide y procesa las perturbaciones en el tiempo de retorno de la luz retrodispersada (backscattered) causadas por vibraciones, calor o tensión mecánica en el cable. La tecnología incluye la detección acústica distribuida (DAS) para seguridad perimetral, la detección de temperatura distribuida (DTS) para el monitoreo de fugas de fluidos en ductos de energía, y la detección de temperatura y tensión distribuida (DTSS) para deformación estructural.
La adopción de DFS en la región se concentra en industrias críticas, como lo demuestra el caso de Chile. La estatal Corporación Nacional del Cobre (Codelco) implementó por primera vez en la minería subterránea global la tecnología BOTDR (reflectometría óptica Brillouin en el dominio temporal) en su división El Teniente. En colaboración con la Universidad de Chile, NTT de Japón y la integradora Micomo, Codelco instaló cables sensores de fibra óptica monomodo anclados a pernos de fortificación y pilares en el yacimiento Reservas Norte y la cámara de chancado. El sistema detecta deformaciones lentas de roca cada 10 cm a lo largo del cable sensor, midiendo tracciones mecánicas de hasta un 2% de elongación con resoluciones de 0,1 mm, lo que permite monitorear de manera predictiva la actividad geológica de la falla N1 y salvaguardar la vida humana y la operatividad minera. A nivel geofísico y ecológico, destaca además el uso del cable submarino Prat del Grupo Gtd (que une 12 ciudades de Chile), que aplica tecnología DAS sobre un perfil óptico de 120 km para registrar la sismicidad del lecho marino y monitorear acústicamente mamíferos marinos en peligro de extinción mediante algoritmos de inteligencia artificial.
Esta convergencia entre IA, centros de datos y energía sostenible no solo redefine la infraestructura digital: impone un nuevo imperativo estratégico para la región, que consiste en optimizar la conectividad de fibra óptica como el tejido habilitador de todo el ecosistema.