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Del anuncio a la realidad: cómo leer el boom de inversiones en data centers

Al mercado ya en crecimiento se le suma una ola de anuncios de escala inédita. Los compromisos pueden ordenarse en tres categorías: la hiperescala y el colocation comercial, que explican cerca del 70% del total; los proyectos de IA soberana, con financiamiento o liderazgo público orientado a dotar a cada país de capacidad propia de cómputo; y los esquemas mixtos, que combinan operación privada con incentivos públicos de peso. La geografía del capital también es clara: Brasil reúne alrededor del 41% del total regional anunciado y México cerca del 25%, mientras que Argentina exhibe el compromiso individual más grande (el proyecto Stargate) aunque con menor volumen agregado.

Cuatro proyectos condensan el momento por su escala o su novedad institucional. Stargate Argentina (OpenAI y Sur Energy), anunciado en octubre de 2025, es el mayor compromiso individual de la historia digital regional: hasta US$ 25.000 millones destinados a levantar en la Patagonia un data center de 500 MW, acogido al régimen del RIGI, aunque por ahora lo único firmado es una carta de intención, con Sur Energy liderando la inversión y OpenAI como comprador de capacidad; la construcción arrancaría en 2026, con una primera fase de 100 MW hacia 2027. Coatlicue, presentado en noviembre de 2025 por el gobierno mexicano, es la apuesta pública por la soberanía en IA: MX$ 6.000 millones (unos US$ 327 millones) ya comprometidos en el presupuesto federal para alcanzar 314 PFLOPs y operar localmente en 24 meses, como nodo central del Clúster Nacional de Supercómputo. El PBIA de Brasil es, en cambio, el único gran anuncio con ejecución en marcha: la modernización del sistema Santos Dumont, en julio de 2025, fue oficializada como su primer paso de implementación. Y X8 Paraguay, anunciado en diciembre de 2025, aspira a instalar en las cercanías de Asunción el mayor polo de infraestructura de IA de Sudamérica, abastecido por completo con la hidroelectricidad de Itaipú y Yacyretá: una primera fase de US$ 250 millones con 6 MW y más de 4.000 GPU NVIDIA H100, y una escalada proyectada hacia 250 MW y más de 165.000 GPU, con un horizonte de hasta 500 MW en 2027 y una inversión total declarada de entre US$ 10.000 y US$ 50.000 millones a 30 años.

De todos modos, sumar todos esos números como si fueran equivalentes conduce a conclusiones equivocadas. La distinción decisiva pasa por el grado de exigibilidad de cada compromiso. Los compromisos efectivos (aquellos que ya cuentan con fondos asignados, calendario en marcha y alguna etapa iniciada) rondan los US$ 9.500 millones, e incluyen el PBIA brasileño (US$ 4.000 millones con fondos asignados y obras en curso), el campus de CloudHQ en Querétaro (US$ 4.800 millones y seis edificios en construcción), Coatlicue y varios campus multi-tenant ya iniciados, como los de Tecto/V.tal y ODATA en Colombia. Un segundo escalón, de cartas de intención y compromisos institucionales, suma cerca de US$ 30.000 millones: allí conviven Stargate y los planes de Microsoft en Brasil (US$ 2.700 millones) y México (US$ 1.300 millones) y de AWS en Chile (US$ 4.000 millones), con cronogramas que se extienden hasta 2034-2040 y cuya materialización depende de variables externas como el costo de capital, la estabilidad regulatoria y la disponibilidad de chips. El tercer nivel, el que reviste mayor incertidumbre, es el pipeline declarativo: más de US$ 40.000 millones en manifestaciones de apetito inversor sin contractualización (las fases superiores de X8, el rango anunciado de ByteDance/Omnia en Brasil o las etapas más lejanas de Rio AI City, que apunta a 3,2 GW en 2032).

El entorno regulatorio acompaña este proceso a velocidades dispares. Cinco países de la región ya cuentan con instrumentos de promoción identificables, sectoriales o transversales, y otros ensayan fórmulas complementarias: Paraguay capitaliza su excedente hidroeléctrico con tarifas preferenciales que abaratan el costo eléctrico hasta un 70% dentro de su régimen de industrias convergentes, y El Salvador ofrece 15 años de exención fiscal junto con reglas específicas para IA, nube y semiconductores, en el marco de su apuesta por convertirse en hub digital. En paralelo, la industria ganó voz propia, en apenas dos años se consolidaron asociaciones gremiales en los principales mercados: MEXDC en México, ABDC en Brasil, Chile Data Centers, ACOLDC en Colombia y la APDC peruana, que hoy dialogan de manera organizada con los Estados sobre energía, agua, suelo, permisos y talento.

¿Qué falta para que los anuncios se conviertan en megavatios operativos? Cuatro condiciones habilitantes, desigualmente disponibles en la región. Primera, energía firme y limpia: cargas como los 500 MW de Stargate, los hasta 900 MW de CloudHQ a plena capacidad o los 220 MW de Microsoft en Brasil exigen generación dedicada o acceso prioritario a redes robustas, y las políticas ESG de los grandes compradores les dan ventaja a los territorios con sobreoferta hidroeléctrica o eólica. Segunda, conectividad internacional: la utilidad económica de un campus de hiperescala depende de servir usuarios distantes con latencia aceptable, por lo que los cables submarinos y la redundancia terrestre de fibra son condición de viabilidad, no un detalle técnico. Tercera, talento: la ingeniería especializada para operar estas instalaciones se forma a ritmos heterogéneos en la región. Y cuarta, el acceso a las GPU, condicionado por restricciones de exportación y por un reparto mundial que favorece a quienes más compran: es la variable que más define si un anuncio llega o no a convertirse en operación. En definitiva, el boom es real, pero su medida no está en los titulares sino en el hormigón: la vara para seguir esta historia será cuántos de esos US$ 80.000 millones cruzan, trimestre a trimestre, la frontera que separa la promesa de la obra.